Capítulo 1: Previo a la Cirugía
- Fiel creyente

- 6 may 2019
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Actualizado: 7 jul 2025
Capítulo 1
PREVIO A LA CIRUGIA
Enero 2017
Buena fiesta de Año Nuevo. Compartimos con ambas familias, la de mi esposo y la mía.
Disfrutamos, pero aún así, me hizo falta la presencia de mi madre ya que había fallecido solo siete meses antes de esta fecha.
Las festividades navideñas me ayudaron a ocultar el dolor que se mantenía en mi subconsciente. No solo porque falleció, sino porque fui yo quien la encontró sin vida recostada en su cama en junio de 2016, cuando fui a recogerla para irnos de compras, como acostumbrábamos hacerlo semanalmente.
Febrero/marzo 2017
Durante los meses subsiguientes, celebramos (como todos los años) los cumpleaños de mi esposo e hijos, con excepción del que cumple en diciembre que ya lo había celebrado con sus amigos.
Abril 2017
En abril de ese mismo año, cumplí mis 51. Muy orgullosa, porque la opinión general de las personas era que no representaba mi edad.
El cuidar de la salud, hacer mi rutina de ejercicios, y llevar una vida tranquila, habían ayudado a mantenerme saludable y de buena apariencia física. (A continuación incluyo una foto del 2017.)

Junio 2017
El trabajar para una agencia de talentos era para mí una terapia más que un trabajo, ya que lo veía como una oportunidad de conocer personas de otras partes de la isla con distintos intereses. Además, el compartir el ambiente artístico me hacía sentir como una actriz famosa (aunque actuara como extra).
Por tal razón, en el mes de junio, viajé en dos ocasiones en auto hacia el área metropolitana para filmar una película y un comercial de televisión, respectivamente, pero los viajes desde San Germán, con aproximadamente dos horas de distancia, se me hicieron demasiado pesados. Tanto así, que tuve que ir al hospital ese mismo mes ya que me estaba sintiendo decaída.
Sin embargo, al hacerme los análisis correspondientes, no se reflejó ningún virus o infección, así que el médico me dejó bajo observación por varias horas y me recetó algunos medicamentos.
Julio 2017
En julio, mi agente se comunicó conmigo para participar en una filmación de una serie de Estados Unidos que se iba a transmitir en un canal en línea. Increíblemente no acepté la invitación ya que nuevamente no me estaba sintiendo bien de salud. Para ese tiempo, ya yo tenía planes de visitar a mi médico de cabecera, pero no quería que las vacaciones de mi hijo menor las pasara acompañándome a mis citas. Así que pensé ir en agosto, luego que él comenzara las clases.
Y así lo hice, no porque había planificado mi visita, sino porque me volví a sentir muy enferma. Me sentía cansada y con náuseas. Recuerdo que, para ese tiempo, me daban dolores de cabeza muy continuos, y resolvía tomando, algunas veces ibuprofeno y otras acetaminofén. Yo pensaba que sufría de migraña ya que, generalmente, sentía náuseas antes de los dolores de cabeza, pero nunca fui diagnosticada con esa condición.
Yo no soy amante de tomar muchos medicamentos, prefiero utilizar medicina natural. No en pastillas, sino frutas y vegetales que contengan los nutrientes necesarios.
También, soy muy disciplinada en no utilizar bebidas alcohólicas ni ningún tipo de drogas. Hago una rutina de ejercicios diariamente, aunque de bajo impacto, pero me mantengo ejercitada.
Además, he aprendido a descansar lo suficiente para mantener mis defensas altas. Por eso, no entendía el por qué del cansancio y los dolores de cabeza.
Agosto 2017
A finales de agosto, tuve que ir a Sala de Emergencia por los mismos síntomas, pero, luego de hacerme los exámenes requeridos por el médico, nuevamente, no reflejaron nada anormal.
Adjunto incluyo informe médico como prueba de mi relato. La información del hospital se ha cubierto para salvaguardar la privacidad del mismo.

Septiembre 2017
El 20 de septiembre, nos atacó el Huracán María. Recuerdo que nos quedamos en un lugar más seguro, en zona urbana, para tener más acceso a las carreteras, entre otras cosas, pero no me acuerdo de muchos detalles que ha mencionado mi familia. La enfermedad que tenía (que en ese momento no sabíamos lo que era) me estaba deteriorando física y mentalmente.
Mi papá se quedó conmigo desde el día antes del huracán ya que él vivía solo en otro pueblo. Este permaneció en mi casa aproximadamente diez días, antes de llevarlo nuevamente a su hogar. Yo lo hubiera dejado más tiempo, pero él insistía que quería regresar, pensando que podían robar en su apartamento.
Recuerdo que, al llegar al pueblo de su residencia, el puente de la entrada estaba roto y no había acceso por allí. Así que tuvimos que tomar un desvío para lograr pasar. Cuando llegamos al edificio, no había luz y tuvimos que subir por las escaleras hasta el piso 7, pero aun así, él quiso quedarse en su apartamento.
Regresamos a mi casa, y luego de una semana, le pedí a mi esposo que me llevara de nuevo a ver a mi papá ya que estaba preocupada porque entendíamos que no había llegado la luz. En las noticias que escuchábamos por la radio, decían que no había sevicio de energía eléctrica prácticamente en todo Puerto Rico.
Octubre 2017
Y así fue, efectivamente, no le había llegado la luz. El edificio tenía los ascensores inservibles; él no tenía cómo cocinar, ya que su estufa era eléctrica; no tenía calentador funcionando, pero no recuerdo si tenía agua potable. Le pregunté si quería regresar a mi casa, y me dijo que sí.
Así que me lo traje nuevamente (8 de octubre), pero varios días después quiso regresar a su hogar. Yo no le insistí que se quedara conmigo porque mi papá fue toda la vida una persona independiente, y yo había aprendido a no refutar sus comentarios. Solo opinaba, pero él tomaba sus propias decisiones. Gozaba de salud mental, aunque, por su edad, se le olvidaban algunas cosas.
Recuerdo que lo llevé un miércoles (11 de octubre), y el lunes siguiente (día 16), me llamó la Administradora de los apartamentos donde él vivía para indicarme que lo habían visto salir el viernes 13, y que no había regresado. Ella me indicó que lo había reportado a las autoridades.

No sé por qué, en el informe de la Policía dice que desapareció el 2 de octubre, porque aún mantengo en mi celular mensajes de texto con mi familia indicando que el día 8 traje a mi papá nuevamente conmigo.
Pasaron varios días en yo darme cuenta de la gravedad del asunto, y no le conté a mis hermanos de inmediato. Sinceramente, pensaba que mi papá me iba a llamar un día, indicándome que había viajado a Estados Unidos. En realidad, no hubiera sido la primera vez que esto hubiera sucedido.
Además, para esos días, mi hermana estaba de viaje por su trabajo y no quería enfrentar este problema yo sola. En ese momento, no me sentía en buenas condiciones de salud para lidiar con el asunto. Pero, en cuanto le conté lo que estaba pasando, desde el país donde estaba, pudo hacer varias gestiones con la Policía, mejor que si se hubiera encontrado en Puerto Rico ya que acá en la Isla todo era un caos por el Huracán.
Había muchos sectores sin luz, las computadoras estaban inservibles en muchos lugares, y no había televisión ni Internet. No había mucha comunicación ni por celulares ni por teléfonos de línea, y muchas carreteras estaban intransitables.
Más adelante, la desaparición de mi papá fue reportada al FBI y al Interpol, sin embargo, hasta el día de hoy, mi papá no ha aparecido ni vivo, ni muerto.
¿Por qué traigo esta historia a colación, cuando no tiene que ver directamente con el tema que estoy exponiendo? Porque sí tiene que ver. Mi salud empeoró más aún, luego de esta noticia. Y todos mis síntomas reflejaban que sufría de depresión. Estaba rebajando, me daban náuseas y acidez estomacal constantemente. Dormía más horas de lo normal y mis dolores de cabeza aumentaron, entre otras cosas.
Así que el 18 de octubre, regresé a Sala de Emergencia, donde diagnosticaron, por primera vez, que sufría de depresión (ver a continuación Informe Médico del 18 de octubre de 2017).

Noviembre 2018
Octubre y noviembre estuvimos resolviendo la situación de mi papá, así que, se paralizó mi tratamiento, pero no mi decaimiento. Además de los síntomas que había mencionado anteriormente, comencé a guiar por el carril izquierdo y choqué en más de una ocasión. No cocinaba, y estaba durmiendo la mayor parte del día.
Aun me apena todo lo que estaba sufriendo mi familia: mi esposo, mis hermanos y mis hijos. Con el fallecimiento de mi mamá, la desaparición de mi papá y mi enfermedad, estaban perdiendo a los suegros y esposa, los padres y hermana menor, y los abuelos y mamá, respectivamente. Todos, más o menos al mismo tiempo.
Diciembre 2017
Ya en diciembre, yo no podía casi caminar. No cocinaba, no me peinaba, y ni siquiera, me quería bañar. Recuerdo que mi hermana me llevó a una estilista para desenredarme el cabello, y ésta estuvo aproximadamente una hora tratando, hasta que logró peinarme. Sin embargo, según me contaron, al otro día, mi pelo estaba igual de enredado.
A continuación incluyo una foto de los días en que más enferma estaba. Así pueden compararla con la primera que les mostré en el subtema de Abril 2017.

Mi médico recomendó que visitara a un neurólogo, pero primeramente fui evaluada por una psicóloga y, luego, por un psiquiatra. Ambos estuvieron de acuerdo en lo que mis síntomas mostraban, y diagnosticaron que yo sufría de depresión severa. Así que su recomendación fue internarme en un hospital psiquiátrico.
Ante la negación de dar este paso tan difícil, mi esposo prefirió cuidarme en casa y llevarme a las fiestas navideñas familiares que se estaban celebrando. Yo lo acompañaba, pero me dormía en cada lugar que visitábamos. Hasta que, en la despedida de año, en casa de unas amistades, casi me desmayo.
Mi esposo me llevó a nuestra casa. Luego de eso, dormí treinta horas corridas.
Enero 2018
De esos días, solo recuerdo que me sentía tan débil que no podía levantarme. Solo lo hacía para ir al baño, pero sentía que se me salían los orines antes de llegar. No tenía fuerzas ni para caminar. Y, cuando trataba de hacerlo, sentía como si lo estuviera haciendo encima de un tubo. No sentía el suelo plano, y esto provocaba que me cayera constantemente.
Además, ya no podía ni comer porque la comida no me pasaba de la garganta, y me ahogaba constantemente. En tres meses ya había rebajado treinta libras.
Esto hizo que el día dos de enero, mi esposo tomara la decisión de llevarme al hospital para llenar los documentos necesarios e internarme en el hospital psiquiátrico.
Yo de esto, no recuerdo nada, pero como Dios es tan grande y maravilloso y, aunque no entendamos en el momento cuál es su plan, todo lo hace con un propósito.
Cuando mi esposo llegó al hospital, se encontraba solo y llamó a mi hermano para que lo acompañara. Estuvo esperando mi turno por un largo rato y, aunque se tardaron en llegar, cuando mencionaron mi nombre por altavoz, en ese preciso momento, llega mi hermano acompañado de su esposa (quien ha sido supervisora de enfermeras por muchos años), y pudieron entrar los tres a la oficina del médico.
El doctor comenzó a llenar la orden médica para internarme, y mi cuñada, con mucho respeto, le sugirió hacerme un estudio completo de mi cuerpo (lo que se conoce en medicina como un “clearance”), para descartar cualquier otra condición que pudiera tener. Tomando su consejo, el doctor ordenó hacerme estudios de sangre y orina, placas y un CT Scan.
Estuve en observación, y haciéndome análisis en el hospital, desde el 2 hasta el 4 de enero de 2018. Cuando llegó el resultado del CT Scan, descubrieron que lo que tenía en mi cabeza era un tumor cerebral. (Ver en la foto a continuación la mancha blanca.)

Esto era lo que había descontrolado todo mi cuerpo, desde el pelo, hasta la punta de los pies, literalmente. Como se diría en inglés "head to toe".
Inmediatamente, el doctor rompió el referido para el hospital psiquiátrico y ordenó el traslado para el área metropolitana para cirugía. Mi pobre esposo, tuvo que salir del hospital casi corriendo para recoger nuestras pertenencias en la casa y guiar hasta Río Piedras detrás de la ambulancia.
Mi hermano y su esposa se hicieron cargo de mi hijo menor, y mis hijos mayores tomaron posesión de la casa para poder estar cerca, ayudar con la escuela y cumplir con sus trabajos, respectivamente. Mientras que en San Juan, ya mi hermana estaba pendiente de nuestra llegada, así como mi cuñado (hermano de mi esposo) y su esposa. Entre todos, hicieron un buen plan de trabajo para ayudarnos, lo cual estaré eternamente agradecida.
Así las cosas, el 5 de enero de 2018, en la víspera del Día de Reyes, me encontraba en Sala de Cirugía extirpándome un tumor cerebral.

Gracias a Dios Todopoderoso, la biopsia que se hizo tuvo resultados negativos a cáncer. Fue uno benigno. Pero, si me hubieran internado en el hospital psiquiátrico, hoy no estuviera contando esta historia.
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Prólogo*
*Ver enlaces al final
NOTA
Este relato puede ser impreso y divulgado para que los mensajes revelados se continúen propagando en el Nombre de Jesús, pero jamás debe ser vendido ya que fue una promesa que le hice al Señor. Amen.
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