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Capítulo 2: Mis Primeras Revelaciones

  • Foto del escritor: Fiel creyente
    Fiel creyente
  • 6 may 2019
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 15 feb 2023

Capítulo 2

MIS PRIMERAS REVELACIONES


2 a 5 de enero de 2018

Antes de comenzar mi relato pido a Dios que nos ilumine a través del Espíritu Santo para poder entender el mensaje que nos quiere manifestar. En el nombre de Su Amantísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Amén.


* * *


Sobre mi llegada al hospital no me acuerdo, pero sí puedo contarles las cosas que pude ver. Trataré de hacerlo en el mejor orden cronológico posible ya que recuerdo muchas cosas al azar.

Estando yo acostada, recuerdo haber visto a mi hermano en lo que aparentaba ser una Sala de Espera de un hospital, sentado en una silla al lado de mi camilla, cabizbajo. Tenía una polo y pantalón azul obscuros. Yo lo llamaba por su nombre, pero no me respondía.

También ví a mis hijos caminando por el hospital vestidos con sus "jackets" color gris. Caminaban muy cerca de donde yo me encontraba, pero no venían hacia mí. Yo los llamaba, y les gritaba, pero no me respondían. Yo no podía creer que, estando yo enferma, no vinieran a ver a su mamá, y esto me ponía muy triste. Inclusive, con la desesperación, hasta les grité regañándolos, pero aún así no se acercaban.

Recuerdo haber escuchado la conversación de lo que para mí eran dos enfermeras. Una le decía a la otra más o menos lo siguiente:


"Fíjate, que aún estando enferma, ella reconoce a los familiares cuando hablan. Péro sus hijos, ni siquiera tienen que hablar para que los conozca. Simplemente, ellos se acercan, y aún con los ojos cerrados, ella sabe que están cerca y reacciona."


Entonces, utilizando mi razón, pensé que yo estaba en una especie de experimento donde estaban analizando cuánta fortaleza yo tenía sentimentalmente. Y yo pensaba que esto era una crueldad porque, estando yo enferma, lo que necesitaba era el apoyo de mi familia, no que experimentaran conmigo.

Pero hoy día pienso que no eran enfermeras a quien yo escuchaba, sino a los Angeles que me estaban cuidando.


* * *


Recuerdo que una noche, estando acostada en un cuarto de hospital, escuché a un hombre llorando en la camilla que estaba al lado mío. Luego de unos minutos de estarlo escuchando pregunté:


- Papi, ¿eres tú?

Y me contestó gimiendo:

- Sííí.

- ¿Qué te pasó?

- Ay, si tú supieras.

- ¿Qué fue? ¿Te moriste?

- Sííí. (Llorando)

- Ay no te preocupes. Ahora estás mejor que antes. Acuérdate que tú te aburrías con ese chorro’e viejos.


(Perdonen mi expresión, pero él vivía en una égida, y yo siempre le hablaba así para hacerlo reir ya que él era un señor mayor también.)


Y añadí:


- ¿Pero, qué fue lo que te pasó?

- A mí me pasaron dos cosas grandes. La primera, tuve un accidente y atropellé a un deambulante. Y la otra, que me dio una pulmonía bien fuerte y allí fue que me pasó lo que me pasó. Yo lo único que te quiero pedir es que me ayudes con el entierro.

- Está bien, no te preocupes por eso. Yo te ayudo. Lo único es, que yo estoy en el hospital, y por ahora no voy a poder, pero cuando salga, le voy a pedir a (mi hermana) que me ayude con eso.


Ya calmado, se levantó y se fue caminando hacia lo que aparentaba ser un balcón. Yo podía verlo de reojo, pero si miraba de frente, no lo podía ver. Este balcón quedaba en la parte opuesta a la entrada del cuarto. Y, desde ese momento, no lo vi más allí.


Representación de la Visión de la Habitación

Luego que se fue, miré a la camilla que estaba a mi lado derecho, y había un señor mayor. Yo recuerdo que después que se fue mi papá, el señor falleció. Esta información es real porque luego de haber salido del hospital pude confirmarlo con mi esposo.

Por un tiempo estuve dudando de si lo que me dijo mi papá fue cierto, o fue cosa de mi imaginación porque, en el poco tiempo que lo dejé de ver (luego que estuvo en mi casa para el Huracán María), no hubo oportunidad de que tuviera ningún accidente. Además, preguntamos a varias personas del área, y nadie escuchó que se reportara ningún incidente con algún deambulante para esos días. Lo que me hace pensar es que, probablemente, mi papá guardaba eso en su corazón y nunca lo había confesado. Por eso creo que, luego de hablarlo conmigo, pudo irse en Paz.

Que Dios lo tenga a en Su Santa Gloria.


Próximo

Capítulo 3: El Cielo*


Anteriormente

Capítulo 1: Previo a la Cirugía*


*Ver enlaces al final


NOTA

Este relato puede ser impreso y divulgado para que los mensajes revelados se continúen propagando en el Nombre de Jesús, pero jamás debe ser vendido ya que fue una promesa que le hice al Señor. Amen.


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