Capítulo 3: El Cielo
- Fiel creyente

- 6 may 2019
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 15 feb 2023
Capítulo 3
EL CIELO

5 de enero de 2018
Antes de comenzar, debemos tomar un tiempo para meditar por qué Dios permite que sucedan ciertas cosas que, para los ojos de nosotros como humanos, lo vemos como un castigo o, quizás, como una injusticia.
Aunque ya Él sabe lo que ha de suceder mucho antes de que pase, y lo permite, siempre por una razón positiva y por Su amor hacia nosotros, pero está de nuestra parte creer que a Su lado no nos va a ocurrir nada. Esta fe es la que nos va a liberar de los problemas físicos, mentales y espirituales.
Tomemos el ejemplo de Lázaro, que tuvo que morir para ser revivido por Nuestro Señor Jesucristo, únicamente para que los que presenciaran este milagro, creyeran.
"¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?"
(San Juan 11:40)
Así le respondió Jesús a Marta cuando ésta le reclamó que ya hacía cuatro días que su hermano había fallecido.
Yo no me creo digna de compararme con Lázaro, pero pienso que, si Dios me permitió ver las cosas que les voy a narrar a continuación, fue para darlas a conocer, para que crean en la promesa que Jesús, aún estando en la cruz, le dijo al 'ladrón bueno':
"Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso."
(San Lucas 23:43)
Lo que les voy a relatar, a mi entender, sucedió cuando estaba en cirugía. He llegado a esta conclusión, tomando en cuenta las cosas que me sucedieron antes y después de estas vivencias.
Recuerdo que, estando yo acostada, abrí los ojos y a mi mano derecha, como a ocho pies de distancia, vi una silueta de una mujer que estaba parada mirándome, con las manos unidas y la cabeza un poco inclinada. Volteé mi cara hacia la izquierda y vi frente a mí a mi mamá, y a su derecha estaba mi papá (o sea, yo veía a mi mamá a la derecha, y a mi papá a la izquierda). Ambos estaban parados frente a mí como a quince pies de distancia, observándome. Todavía yo no había comprendido bien lo que estaba pasando, hasta que vi a Jesús que pasó frente a mí caminando de izquierda a derecha.
El caminó entre mis padres y yo, como a doce pies de distancia de donde yo estaba. Simplemente pasó y me miró con una pequeña sonrisa en sus labios, tranquilamente, sin decir una palabra. Llevaba una ropa blanca con el manto rojo por encima de su hombro izquierdo, y su cara era muy, muy parecida a la que les muestro a continuación.

(Originalmente había subido la siguiente imagen porque también es muy parecido, pero quise incluir la que precede a este párrafo porque es casi idéntico a como lo vi. Más aún, les confieso que me emocioné muchísimo al encontrar esa imagen.)

Entonces pensé: "Si Éste es Jesús, entonces, la silueta que había visto a mi derecha era la Virgen." Porque era así, una silueta como el reflejo de una luz con la forma que vemos a la Virgen en las estampillas o en los cuadros. Muy parecida a la siguiente imagen, pero sin el Rosario ni la cadena en oro que tiene en sus manos. (Perdonen a los devotos de la Virgen de Fátima por haber editado la foto eliminando la Corona para que se pareciera más a como la vi en el hospital.)

Solo sé que tenía un manto que cubría su cabeza hasta los pies. Mientras más lo pensaba, más me convencía de lo que había visto.
Pero cuando miré nuevamente a la derecha para verla otra vez, ya no estaba. Y cuando busqué a Jesús con mi mirada para verlo de nuevo, tampoco estaba. Él solo pasó frente a mí para que yo lo viera y supiera que todo estaba bajo control. Allí quedaron solamente Papi y Mami. Me saludaron con la mano y desaparecieron. De esta visión, no recuerdo más nada.
* * *
Pero recuerdo que en otro momento, estuve muy cerca del cielo, aunque no entré.
Lo primero que recuerdo es que yo estaba parada en un lugar donde había una música que podía escucharse por todos lados. Como cuando uno va a un centro comercial, que ponen música que sale por las bocinas del techo para que se escuche por todos los pasillos. Por eso, por un segundo pensé que estaba en un "mall".
Pero rápido me percaté dónde estaba y pude apreciar que era una música celestial hermosa. Eran los Angeles cantando. Ellos cantan para El Señor, y Él se deleita con sus cánticos. Cantan melodías hermosas. Con un tono bien alto, pero que no molesta al oído. Al contrario, era bien melodioso.
También se escuchaba una música como de arpas. Hermoso. Celestial.
Los Angeles se paseaban por todos lados volando como la brisa. Una brisa suave y blanca. No se veían como niños con alas como los pintan, solo se veía como una brisa blanca. Parecido a la siguiente imagen:

Yo creo que la idea de pintarlos como bebés proviene del hecho que los Angeles son bien inocentes. Son extremadamente buenos, y Papa Dios los envía a nuestro lado para que nos cuiden. Pero si nos portamos mal, se apartan de nosotros y quedamos desprotegidos. Por eso debemos siempre estar tranquilos para que los Angeles nos rodeen y nos cuiden del mal. (Esto, sin mencionar que, para que el Espíritu Santo more en nosotros, debemos estar en paz. Pero ese no es el tema que estoy abarcando en este momento.)
En el suelo, que no era suelo, sino era como estar parada sobre nada. (Quizás podríamos compararlo como estar parada sobre una nube.) Allí donde estaba, había flores de diferentes colores: color rosa, anaranjadas, violetas, azules, verdes, amarillas. Todo era hermoso y celestial. Lleno de paz y armonía. Y con la música de los Angeles. Más hermoso, pero comparable con la siguiente imagen:

Entonces, sin caminar, miré un poco hacia la izquierda, y vi una caja enorme, como de cristal. No alta, sino larga. Se extendía desde la izquierda, como a ocho pies de distancia desde donde yo estaba parada, hacia la derecha, como un pasillo sin fin.
Ahí, en la entrada de la caja, había algo parecido al cuadro de una puerta, pero sin el marco, y sin puerta. Y cuando miré, vi a mi mamá. Más joven, como de cuarenta años.
Recuerdo que tenía una falda corta de mahón (como las que usaba para estar en la casa), y una blusa rosa. Su cabello estaba peinado con rizos, como ella se peinaba antes. Y empezó a reírse, como se reía siempre. A carcajadas, aunque no se escuchaba, pero se veía bien feliz. Y eso me hizo sentir feliz a mí también. Yo no podía pasar hacia donde estaba ella, y ella no podía pasar hasta donde yo estaba. Pero ambas nos sentimos felices de vernos.
Luego llegó mi papá adonde ella estaba, y me saludó como dándome las gracias porque lo ayudé a descansar en paz. Entonces, empezaron a llegar muchos familiares para saludarme. Yo podía ver que se acercaban por el pasillo, porque era transparente, pero no podía identificarlos hasta que llegaban a la entrada donde estaba mami.
[La palabra correcta debe ser "traslúcido", no transparente. Eso me lo explicó una prima mía, cuando le conté lo que había visto.]
Comenzaron a llegar uno a uno, pero después vinieron muchos más. Yo los fui reconociendo, aunque se veían diferentes, más jóvenes.
Voy a describir algunas personas que vi, pero no voy a mencionar sus nombres por respeto a sus familiares.
Después de mis padres, la primera persona que ví fue a una señora que fue muy querida por mí y había fallecido en el 2015. Se veía como hacía 30 años, cuando la vi por primera vez.
Vi también a una señora rubia, con su cabello recogido y con falda y blusa color marrón, pero no la reconocí de primera intención. Esta señora se me presentó varias veces mientras yo veía a las otras personas, así que yo imaginé que tenía que ser alguien que yo conocía. Y cuando pensé bien, supuse que era otra señora muy querida por mí que había fallecido en el 2006 y, en mi mente, la llamé por su apodo en forma de pregunta, y ella asintió con su cabeza, y se marchó.
Recuerdo que vi a una amiga de mami y pensé: “Si mami supiera donde está”. Porque mami siempre preguntaba qué se había hecho esa amiga. Después pensé: “¡Qué tonta soy! Mami tiene que haberla visto ya, si está aquí con ella.” De hecho, me enteré a principios de octubre del 2018 (luego que salí del hospital), que había fallecido hace varios años.
Recuerdo también haber visto a un tío mío. De este último no me olvido porque yo no lo reconocía, entonces él me hizo un gesto con su cara, como hacía siempre para hacernos reir, y fue entonces que supe de quién se trataba.
Un detalle que me llamó la atención fue que, cada vez que llegaba alguien, tenía una música particular que lo identificaba. Como decir, los 'ringtones' de los celulares. Ese sonido era único de cada persona. Yo comencé a identificarlos, pero eran tantos, que me confundía a quién pertenecía cada melodía. Y, aunque no la recuerdo, sé que podía reconocer la de mis padres.
Volviendo al lugar donde me encontraba, quisiera añadir que todo se entendía, aunque no se hablara. Solo con la mirada podía entender lo que me querían decir.
Así fue que supe, que más arriba donde yo estaba, estaba Papa Dios con Jesús. Y más arriba, vivía la Virgen. Y los únicos que podían subir allá eran Jesús y Papa Dios, porque ella estaba rodeada y cuidada por los Angeles. Donde ella vive, hay pajaritos, mariposas, conejitos, y otros animalitos que no recuerdo. Ellos la cuidan y ella los cuida a ellos.
La Virgen lo único que hace es rogar por nosotros. Día y noche. 24-7. Todos los días. Todo el día. Ella llora por nosotros. Llora por nuestra salvación. Sufre cada vez que pecamos. Y le pide al Padre y a Su Amado Hijo Jesús que perdonen nuestros pecados. Porque para ella, nosotros somos también sus amados hijos.
Volviendo a los familiares, yo sabía que donde ellos estaban era el Cielo, pero no podía pasar hacia esa área. Así mismo, ellos no podían pasar a donde yo me encontraba. Pero en el lado donde yo estaba, donde estaban las flores, la música y los Angeles, pude ver también a nuestros cuatro hijos y a mi esposo. Todos se veían de menos edad que la que tienen. El mayor, se veía como de diecisiete, y los otros tres como niños de doce, diez y ocho, respectivamente.
Yo pienso que donde yo me encontraba, estaban las almas de los seres vivos, y dentro de la caja de cristal estaban los que habían fallecido. Porque nuestra alma o espíritu, puede encontrarse dentro o cerca de nuestro cuerpo. Depende de la situación que estemos pasando.
Por ejemplo, en mi caso, en ese momento yo estaba al borde de la muerte. Y, aunque mi cuerpo estaba en una sala de operaciones, mi alma había pasado al más allá.
Pero cuando único podemos llegar hasta el cielo, es cuando nuestra alma está pura. Y eso se logra a través de Nuestro Señor Jesucristo, quien es el eslabón entre el Padre, el Espíritu Santo, y nosotros. Por eso es que, cuando oramos e invocamos a Jesús, nos estamos comunicando a la vez con Dios. Porque los tres hacen uno y Su Espíritu se conecta con el nuestro a través de la Oración.

Entiendo que fue por eso que pude ver las almas de mi esposo y mis nenes, porque estaban unidos en amor y en Oración por mí. Recuerden lo que explicó San Pablo en su Epístola a los Efesios 4:4:
“Somos un solo cuerpo y un solo espíritu.”
Amén.
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Capítulo 2: Mis Primeras Revelaciones*
*Ver enlaces al final
NOTA
Este relato puede ser impreso y divulgado para que los mensajes revelados se continúen propagando en el Nombre de Jesús, pero jamás debe ser vendido ya que fue una promesa que le hice al Señor. Amen.
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