Capítulo 14: De vuelta al hospital
- Fiel creyente

- 24 ene 2021
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Actualizado: 21 abr 2021

CAPITULO 14
DE VUELTA AL HOSPITAL
11 de enero de 2018
"No se preocupen, todo va a salir bien. Ya Dios tomó el control. Ahora es que todo va a mejorar."
Fueron las palabras que le dije a mis hijos cuando me sacaron en camilla de la casa para montarme en la ambulancia.
Cuando llegué al hospital, estuve varias horas en Sala de Emergencia, esperando que me atendieran. Mi esposo, mi hermano y mis hijos se "turneaban" para cuidarme.
Luego me hicieron los análisis correspondientes y todos los vitales estaban fuera de orden. Tanto así, que me pusieron dos pintas de sangre. A continuación, pueden ver copia de algunos análisis:

También me hicieron un CT Scan de la cabeza, supongo que para ver cómo estaba la cirugía que me habían hecho. Y fue así que descubrieron que tenía un coágulo post operatorio. Entonces, el médico de turno decidió enviarme nuevamente a San Juan, al hospital donde me habían operado originalmente.

* * *
Supongo que fue luego que me hicieron la transfusión de sangre, que estuve en una estación en Sala de Emergencia. Con esto me refiero a un espacio donde las camillas está divididas con cortinas.
Recuerdo que, estando en mi estación, comencé a escuchar a las enfermeras y enfermeros hablar de mi caso. Los escuchaba riéndose de mis labios ya que entendía que estaban pintados de varios colores. Inclusive, hasta hablaron de inventar una nueva marca de "lipstick". Pero, en vez de darme coraje, me dio mucha risa su creatividad.
Les voy a explicar la razón de mis labios coloridos. Cuando estaba en mi casa con mis hijos, antes que llegara la ambulancia, les pedí que me dieran a comer dulces ya que me sentía débil, como si me hubiera bajado el nivel de azúcar. Y éstos me trajeron M& M, entre otros. Por eso yo pensaba que mis labios estaban pintados de muchos colores.
Como les mencioné anteriormente, no me molestaron las risas, pero sí cuando comenzaron a burlarse de mi hermana por haber tenido un accidente. Escuché que la llamaron bruta por haber chocado. Pero eso no es motivo de burla para ella ni para nadie. Tenemos que ser compasivos con los demás, no importa si los conocemos o no.
Recuerdo cómo este comentario me pareció tan fuera de orden, que se lo dije a una enfermera que vino a verificar mi suero, pero ésta solo se me quedó mirando.
Luego de haber regresado del hospital, le conté lo sucedido a mi hermana, y ella pensó que no era a los enfermeros a quien yo había escuchado burlándose, ya que no había manera de que ellos supieran de su accidente. Tampoco había forma de que yo me hubiera enterado, porque ni ella ni nadie me lo había dicho para que yo no me preocupara. Entonces, nuestra lógica que aparenta ser ilógica, nos hizo pensar que yo estaba escuchando a otros seres que lo único que hacen es burlarse de los indefensos.
* * *
Estando acostada en la misma estación, también escuché a mi esposo hablar con una fémina. Aparentemente él la conocía, porque oí decirle que pasara a verme. Al escuchar esto, yo me quedé mirando hacia fuera de la cortina, por el espacio que quedaba abierto, y vi pasar caminando hacia la izquierda a una mujer de aproximadamente cuarenta años, con el cabello largo, pintado de rojo (lo que llamamos color chavito prieto), vestida con blusa y pantalón negro, bastante voluptuosa.
Yo sabía que, si ella caminó hacia la izquierda, tenía que regresar caminando por ese mismo lado, hacia el lado derecho.
Y así sucedió. Pero, cuando giró su cara para mirarme, toda esa área se puso blanca, y no pude verla. Lo único que veía era como una tela blanca que cubrió la entrada hacia donde estaba mi camilla. Parecía como si algo hubiera opacado la visión, para que yo no pudiera mirar hacia afuera.
Y cuando miré bien, no era una tela blanca, era como una nube o humo que formaba la cara de un oso. Era el Espíritu de Dios que se paró frente a mi estación para protegerme de todo mal que tratara de hacerme daño.

Era tan grande, que cubría todo el espacio, desde el techo hata el piso. Y tan ancho, que cubría toda la entrada.
En mi casa pudimos sacarlos cuando rezamos y echamos Agua Bendita, pero llegaron hasta el hospital para perturbarme, y Dios me protegió personalmente.
Yo no podía creer que, tantas cosas importantes que Él tiene que hacer en el cielo, y dejarlo todo por esta insignificante persona.
Pero, ¿por qué un oso? El Espíritu de Dios, que es el Espíritu Santo, puede tomar la forma que Él quiera darle en ese momento, según la ocasión o la necesidad. Por ejemplo, a Moisés se le presentó como un arbusto con llamas; en la huída a Egipto se presentaba como tornados; en el Bautismo de Cristo llegó en forma de paloma blanca; y en Pentecostés como lenguas de fuego.
En mi caso tomó la figura de un oso porque es un animal grande y fuerte que protege a sus crías con la vida, y ataca a quien les vaya a hacer daño. En ese momento, yo necesitaba una gran protección de todos estos que me perseguían porque estaba indefensa de cuerpo, mente y espíritu, ya que no tenía fuerzas ni para rezar. Y Dios tenía planes para mí que tenían que cumplirse.
Recuerdo que le comenté lo que estaba viendo a las enfermeras que me atendían, y una de ellas me dijo que, cuando entraba a mi estación, se sentía bien calientita, pero no así el resto de los pacientes que en general estaban fríos con el aire acondicionado.
También recuerdo que ella fue la única que se presignó al salir de mi estación. Esta acción, el creer sin ver, hizo que en ese momento, su alma fuera salva.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
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Aunque pido que cuiden la versión original y mis Derechos de Autora, este relato puede ser impreso y divulgado para que los mensajes revelados se continúen propagando en el Nombre de Jesús, pero jamás debe ser vendido ya que fue una promesa que le hice al Señor. Amen.
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